¿Qué es la Oración Según la Biblia y Cómo Orar Correctamente?

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¿Qué es la Oración a Dios según la Biblia? y ¿Cómo orar a Dios Correctamente?

He decidido hacer este Estudio Bíblico sobre la Oración porque hay muchas preguntas en Internet acerca de ¿Que es la oración según la Biblia?, ¿Cómo orar a Dios Correctamente?, ¿Cuál es la diferencia entre orar y rezar?.  Por esta razón, responderemos todas estas preguntas de acuerdo a lo que dice la Palabra de Dios. Lee También: 21 Ejemplos de Peticiones de Oración en la Biblia.

¿Cuál es la Diferencia entre Rezar y Orar?

Primeramente tiene que quedar claro que “rezar no es orar”. Ya que el Significado de “rezar” proviene del latín “recitare”, el cual que significa “repetir”. Esto consiste en la repetición de ciertos tipos de oraciones que han sido establecidas por otras personas y no son con palabras propias. Por lo tanto, el Señor Jesucristo se refiere a este acto como palabrerías vanas y sin sentido, las cuales Dios no escucha (Mt 6:7-8). Pues no tiene sentido dirigirse al Dios Altísimo repitiendo algo leído o memorizado.

“Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis” (Mt 6:7-8).

La Oración es una acción sincera y voluntaria de comunicación con Dios. La cual, expresamos con nuestras propias palabras buscando el favor de Dios. La Verdadera Oración que le agrada a Dios es la que se hace con reverencia (Lc 11:2), con un corazón contrito y humillado que busca hallarlo de verdad (Jr 29:13).

Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón (Jr 29:12-13).

¿Qué es la Oración a Dios Según la Biblia?

La oración es comunicación e intimidad con nuestro Padre Celestial. Ya sea para buscar su consejo (Ex 33:13; Sal 86:11), por una petición (Jue 3:9; 2 Sa 22:7; Jr 15:15) o para darle gracias (Fil 4:6; Da 6:10; Col 3:17).

La oración es fuente de poder para el creyente, como lo vemos plasmado en la Biblia, nuestro mayor ejemplo El Señor Jesús, buscaba siempre el rostro de Dios en oración muy temprano en la mañana y luego fortalecido con su presencia sano enfermos, resucitó muertos e hizo muchos milagros.

 Como lo vemos, incluso cuando ora por Lázaro, da gracias al Padre por la resurrección de Lazaro antes de que este resucitare, diciendo: “Padre, gracias te doy por haberme oído” (Jn 11:41). Mostrando así como la oración va acompañada de la fe. También enseña como por medio de la oración venció tentaciones e incluso se fortaleció ante la que sería la prueba más difícil (Lc 22:41-44), subir a una cruz para salvar a una humanidad de todos sus pecados, dando su vida por el rescate de otros (1 Pe 3:18; 1 Jn 3:16). Incluso una vez allí, sangrando y con clavos en sus manos, mientras recibía burlas, insultos y desprecio, oraba por ese mismo mundo que lo escupió, le azotó, le humilló, lo golpeo y prefirió salvar la vida de un ladrón y no la del Único Hombre Justo que ha pisado esta tierra (Lc 23:34).

¿Cómo orar a Dios Correctamente Según la Biblia?

A lo mejor eres una de esas personas que dice ¿Quiero aprender a orar?, pero no sé cómo empiezo. Pues la respuesta es: “La Biblia es la única herramienta que nos enseña cómo aprender a orar a Dios correctamente”. Al leerla con frecuencia, podemos encontrar nuestra guía espiritual en las Escrituras (Sal 119:105). Debido a que en ella encontramos muchos ejemplos de oraciones que nos enseñan, cómo pedir a Dios conforme su voluntad.

Hoy en día muchas personas buscan ayuda en oraciones escritas para aprender a orar. Los primeros discípulos ante esta situación de ¿Cómo orar a Dios?, le dijeron a Jesús: “Señor, enséñanos a orar” (Lc 11:1).

Jesucristo nuestro mayor ejemplo, nos dio un modelo de oración, el cual no es para repetir, sino para enseñarnos a orar correctamente. Y les dijo:

Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos (Lc 11:2).

El Señor Jesús en las oraciones que registran los evangelios nos muestra que siempre se dirigía a Dios como su Padre (Mt 11:25, 26:39 Jn 11:41, 12:27-28, 17:1-2, Lc 23:4), enseñándonos así, que podemos acercarnos de una manera más íntima a Dios. En el antiguo testamento nadie se atrevió a llamar a Dios “Padre”. Solo Cristo hizo esto, el Unigénito de las Escrituras. De tal manera que ahora nosotros, recibiéndolo como nuestro Señor y creyendo en Él, somos adoptados como hijos de Dios (Jn 1:12).

Santificado sea tu nombre (Lc 11:2).

Santificar el nombre de Dios es considerarlo Santo, Sagrado, de altísimo estima y respeto. Como lo vemos una y otra vez en la escritura. Los salmos nos enseñan la forma de como honrar y glorificar el nombre del Señor (Sal 33:41, 48:10, 71:22, 97:12).

Venga tu reino (Lc 11:2).

Cuando Jesús dijo la frase “Venga tu Reino” a los discípulos, hacía referencia al reino espiritual de Dios. Debido que Judíos pensaban que el Mesías restauraría el reino físico de Israel y los liberaría del yugo romano (Hch 1:6). El reino de los cielos esta entre los hombres desde el día que el Hijo de Dios se hizo como uno de nosotros, para morir en una cruz y reconciliarnos con Dios (Is 9:11; Lc 17:20-21; Mt 4:17). Y será completado cuando la maldad sea destruida y Él establezca nuevos cielos y tierra (Ap 21:1).

Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra (Lc 11:2).

Cuando oramos y decimos que se “Haga su Voluntad”, estamos pidiendo a Dios que sus propósitos se cumplan en este mundo como en el más allá. La Biblia nos enseña que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta (Ro 12:2). Aunque muchas veces nosotros no la podamos entender. La Escritura dice: “Sus caminos son más altos que nuestros caminos y sus pensamientos son mejores que nuestros” (Is 55:8-9).

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy (Lc 11:3).

Esta palabra hace que reconozcamos que Dios no solo es nuestro sustentador y proveedor material (Mt 17:24-27; Lc 5:5-6), sino también espiritual (Jn 6:51; 1 Co 1:5). Pero en particular el Señor Jesús siempre enfatizaba en la importancia del alimento espiritual. “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre” (Jn 6:27).

Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben (Lc 11:4).

Nuestra deuda con Dios, era el pecado, como lo expresa Romanos 3:23 “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. La Biblia nos enseña que también debemos perdonar a quienes nos ofenden para que también seamos perdonados por Dios (Mt 6:14-15). Al perdonar las ofensas de otros, Dios quiere enseñarnos a limpiar nuestro corazón de orgullo, rabia, rencor, odio, celo, envidia y todo tipo de mal, que a la larga nos afecta a nosotros mismos. Uno de los ejemplos que encontramos en la Biblia es la oración de Jesús cuando dijo “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23:34). Otro ejemplo, fue la oración de Esteban mientras era apedreado, dijo: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió” (Hch 7:60).

Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal (Lc 11:4).

Jesús no está sugiriendo con estas palabras que Dios es quien nos guía hacia la tentación. Simplemente nos dice, que pidamos ser liberados de Satanás y sus engaños. Todos los cristianos enfrentamos tentaciones y muchas se deben a los deseos de la carne (Santiago 1:13-14). Algunas veces ocurre de una manera tan sutil que simplemente no nos damos cuenta que está sucediendo. Dios nos ha prometido que no permitirá que seamos tentados más de lo que podamos soportar (1 Co 10:13). Pero tenemos que pedirle que nos ayude a reconocer la tentación y nos de fuerza para enfrentarla. Jesús en Mateo 26:41 nos enseña que la mejor manera de enfrentar la tentación es orando: “Velad y orad, para que no entréis en tentación”.

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Orar con Nuestras Propias Palabras

Por último, también se puede orar con palabras propias, dependiendo la necesidad de cada persona. El Señor Jesús nos dejó un modelo de oración pero esto no impide que usted derrame su corazón a Dios y le exprese lo que siente. La Biblia dice que el creyente tiene el Espíritu de Dios que intercede por nosotros con gemidos indecibles, nos ayuda en nuestro debilidad y pedir como conviene (Ro 8:26).

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